viernes, 28 de diciembre de 2012

Latidos

Foto: yo mera
“Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”.                                                                                                           Eclesiastés 3:1
Un año más a punto de culminar y comienzan las reflexiones que si bien, deberíamos hacer todos los días, resurgen en estos días en los que un calendario más se termina.
 
Pienso que todos los días son buenos días para plantearnos cómo queremos vivir, para analizarnos, para tomar decisiones, para cerrar ciclos, para comenzar nuevos ciclos, para ser felices, para disfrutar, para reír, para soñar. Es hasta de cierta manera ingenuo, esperar al “próximo lunes”, al “próximo mes”, al mismo “mañana” para comenzar a vivir y para cambiar lo que queremos cambiar. Pero si bien quiero tomar de pretexto que estoy a 3 días de concluir este año de tantas vivencias, podría decir que estoy agradecida por lo que tengo.

Este año, como cada uno de mis años, me permitió crecer, me concedió la dicha de seguir aprendiendo, de seguir cayéndome para después levantarme y continuar. Este 2012 me dejó obtener muchas cosas, pero entendí que a veces para ganar unas, debes perder otras. Debes hacer sacrificios y tomar en cuenta cuáles son tus prioridades. Me volví a decepcionar de la gente, comprendí que no los que están contigo todos los días son tus amigos, que las personas siempre veremos nuestras conveniencias, que somos egoístas y hasta injustos con los terceros. Pero también observé que la gente que menos piensas que te va a apoyar, lo hace sin pedirte nada a cambio. Que la vida es un vaivén de peleas y reconciliaciones, a veces necesarias, a veces no tanto.
 
Reforcé lazos, rompí otros. Perdí un empleo, pero gané otro. Entendí que hay cosas más importantes que otras, como estar bien física y emocionalmente. Que el dinero y los lujos no lo son todo. Que de nada sirve tener 50 pares de zapatos si no los puedes usar por causa de un esguince. Que un día estás arriba y otro día estás abajo. Aprendí que la sencillez de tu alma te abrirá puertas, y que a veces, aunque me cueste sonreír debo hacerlo para que así me recuerden. Que el stress laboral puede hasta lograr separarte de los que más quieres. A decir las cosas, pero saber cuándo y cómo decirlas, sin que te creen un conflicto más allá de lo normal. Pero sobre todo, que los momentos se disfrutan, se viven y que las oportunidades no existen todos los días.

Este año me conocí más, soy más fuerte de lo que muchos podrían pensar. Y soy más noble de lo que puedo aparentar. Y que Dios siempre está presente en mi vida, que si no me hubiera agarrado de él, lo más seguro es que hubiera fracasado.
 
Sin duda 2012 me deja un buen sabor de boca, porque aunque al principio comenzó amargo, logré echarle un poco de caramelo, tampoco tanto, porque como lo he dicho: a mí la vida no me gusta rosa, me gusta de colores.

 

1 comentario:

Matilde dijo...

y ahora comienza el año de la serpiente...
vamos dejando caer las escamas y renovando las emociones.

una abrazo